Si septiembre termina recordándonos que no estamos solos en la batalla, octubre comienza con una fiesta que nos invita a mirar todavía más cerca: la de los Santos Ángeles Custodios, que celebramos el 2 de octubre. La devoción es muy antigua. San Basilio hablaba de que cada fiel cuenta con un ángel que lo protege, guarda y guía, y san Bernardo los consideraba compañeros puestos a nuestro lado para instruirnos y conducirnos hacia Dios.
A veces hablamos de la lucha entre el bien y el mal como si fueran dos fuerzas equivalentes enfrentadas en un combate interminable. Pero no lo son. El mal no es una creación de Dios ni posee una existencia propia: es, en su fondo, la ausencia o corrupción del bien. Y tampoco estamos abandonados frente a él.
Nos angustiamos con demasiada frecuencia por «el mundo, el demonio y la carne» y olvidamos todo lo que Dios ha puesto de nuestra parte: su gracia, los sacramentos, la oración, la Virgen, los santos y también nuestros ángeles custodios.
No son seres esotéricos dedicados a operaciones misteriosas ni energías que podamos manipular. Son criaturas espirituales al servicio de Dios, protectores y mensajeros que pueden acompañarnos en nuestra lucha diaria. Muchos santos cultivaron una relación especialmente viva con ellos. Santa Gema Galgani, por ejemplo, hablaba con naturalidad de su ángel custodio, y el propio san Pío de Pietrelcina manifestó en numerosas ocasiones su confianza en la ayuda de su ángel.
Pero el ángel no sustituye nuestra libertad. Dios nos ofrece su ayuda; nosotros tenemos que aceptarla.
Y octubre nos ofrece otra de esas armas que quizá utilizamos demasiado poco: el Rosario. El día 7 celebramos a Nuestra Señora del Rosario, una advocación cuya historia quedó especialmente unida a la victoria frente al Imperio Turco de Lepanto, en 1571. San Pío V atribuyó aquella victoria a la intercesión de María invocada mediante el Rosario, y los pontífices posteriores hicieron de esta oración una de las grandes devociones de la Iglesia.
Con el Rosario recorremos el Evangelio, contemplamos a Cristo y aprendemos con María a alabar, bendecir, adorar y pedir.
Quizá este octubre podamos emplear ambas armas para una intención concreta: nuestros políticos y gobernantes; y también ampliarla a la Policía Nacional y otras fuerzas de seguridad, tan denostadas y marginadas en su labor de servicio y a las que los Ángeles Custodios están especialmente dedicados. Su responsabilidad es especialmente grande porque han aceptado un deber público que afecta a la vida de muchos.
Dios también los ama. Aunque a veces nos cuesta entenderlo, los ama.
Y nosotros podemos hacer algo muy sencillo: pedir que lleguen a descubrir ese amor mientras todavía están a tiempo de poner sus decisiones al servicio del bien.
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Las fechas más señaladas de octubre para agendar en el calendario:
- 1 de octubre: Santa Teresita de Lisieux (Santa Teresa del Niño Jesús).
- 2 de octubre: Santos Ángeles Custodios.
- 4 de octubre: San Francisco de Asís.
- 6 de octubre: San Bruno.
- 7 de octubre: Nuestra Señora del Rosario.
- 8 de octubre: Santa Faustina Kowalska.
- 11 de octubre: Nuestra Señora de Begoña.
- 12 de octubre: Fiesta de la Virgen del Pilar. Patrona de la Hispanidad.
- 15 de octubre: Santa Teresa de Jesús.
- 16 de octubre: Santa Margarita Mª de Alacoque.
- 18 de octubre: San Lucas Apóstol y Evangelista. DOMUND: Jornada Mundial de las Misiones.
- 19 de octubre: San Pedro de Alcántara.
- 22 de octubre: San Juan Pablo II.
- 24 de octubre: San Antonio Mª Claret.
- 28 de octubre: San Simón y San Judas Tadeo. Apóstoles.
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