Iniciamos una nueva etapa en las comunicaciones a todos vosotros con colaboraciones menos «pastorales» y más propias de un canal dedicado a la meditación personal, que se convertirán en pequeños artículos sobre políticos y personajes de la vida pública que han vivido su fe en medio de las contradicciones y exigencias de una vida pública frecuentemente adversa.
Son ejemplos extraños y escasos, en los tiempos que nos toca vivir, pero no imposibles de replicar. La libertad humana es un regalo y un gran misterio, pero la gracia de Dios sigue inspirando a la historia y puede que lo haga más intensamente si cuenta con una mayor intercesión.
En cualquier caso, hay que tener muy en cuenta que, si somos un canal de oración, es porque tenemos fe y confianza en su poder. Por tanto, tenemos que renovar el propósito de no actuar ni comportarnos con criterios meramente humanos o con soluciones de tejas para abajo, exclusivamente.
Santo Tomás Moro (1478-1535) fue un humanista brillante, jurista, esposo y padre de familia, que alcanzó la máxima responsabilidad política como lord canciller de Inglaterra. Su trayectoria demuestra que la prudencia, la inteligencia y la capacidad de alcanzar acuerdos no tienen por qué estar reñidas con la fidelidad a los propios principios.
Al servicio de Enrique VIII, Moro destacó por su competencia jurídica, su sentido de la justicia y su habilidad para afrontar los asuntos de Estado. Contribuyó a fortalecer la administración del reino y mantuvo una relación de confianza con el monarca, que admiraba su inteligencia y valoraba su consejo. Sin embargo, aquella cercanía no le hizo confundir la lealtad personal con la obediencia incondicional.
Su vida de fe no era una mera apariencia pública. Hombre de oración, participaba en la vida sacramental, practicaba la penitencia y procuraba educar cristianamente a sus hijos. Cuando Enrique VIII pretendió que reconociera su supremacía sobre la Iglesia de Inglaterra, Moro se negó a traicionar su conciencia y su fe católica. Prefirió perder su cargo, su libertad y, finalmente, su vida antes que firmar aquello que consideraba contrario a sus convicciones. Fue ejecutado en 1535 y canonizado en 1935.
En 2000, san Juan Pablo II lo proclamó patrono de los gobernantes y de los políticos, presentándolo como ejemplo de coherencia moral en el ejercicio del poder.
Su testimonio nos recuerda que nuestra responsabilidad cristiana no termina al juzgar la actuación de quienes nos gobiernan: también debemos rezar por ellos. Es fácil confundir la indignación con la justicia y desear lo peor a quienes piensan de manera distinta o incluso defienden posiciones que consideramos perversas. Pero Cristo también murió y resucitó por ellos. Nunca conoceremos del todo lo que sucede en su corazón, sus luchas interiores o las posibilidades de conversión que Dios mantiene abiertas.
Además, el caso de Santo Tomás es muy especial y significativo, porque se le considera el «apóstol del buen humor». La tradición católica lo tiene como un referente absoluto de la comedia y la ironía, entre otras razones, por su «Oración del Buen Humor»: una famosísima plegaria atribuida a él que empieza con la frase: “Dame, Señor, una buena digestión, y también algo que digerir… Dame, Señor, el sentido del humor”. El Papa Francisco popularizó masivamente esta oración al confesar que la reza todos los días desde hace décadas. Incluso, en un encuentro oficial con cómicos y humoristas de todo el mundo, el Papa les recomendó rezarla diariamente para mantener la humildad y la alegría. Pidamos esa alegría, aunque nuestros políticos intenten arrebatárnosla con sus desengaños y decepciones frecuentes.
Supliquemos la intercesión de santo Tomás Moro para inspirar a gobernantes prudentes y justos, pero también un corazón capaz de corregir el mal sin odiar a quien lo comete, de defender la verdad sin renunciar a la caridad y de rezar incluso por quienes más nos cuesta comprender.
Enlaces de interés:
- Perfil oficial del Vaticano: En la sección especial sobre el Jubileo del año 2000, la Santa Sede aloja el texto detallado sobre Tomás Moro, Patrono de los Gobernantes, donde se profundiza en las razones de su nombramiento.
- Documento Pontificio (Motu Proprio): Si deseas leer los argumentos teológicos y sociales directamente de la fuente, el Papa Juan Pablo II promulgó la carta apostólica sobre la Proclamación de Santo Tomás Moro como Patrono de los Gobernantes y Políticos.
- Biografía histórica y literaria: Para un análisis de su faceta como escritor de Utopía y su carrera como Lord Canciller, el artículo de la enciclopedia biográfica sobre la vida de Tomás Moro en Wikipedia ofrece una síntesis cronológica muy completa.
- Resumen de su martirio y santoral: Si buscas repasar sus anécdotas de ingenio, sus últimos días en la Torre de Londres y el texto de sus oraciones, puedes revisar la reseña de S. Tomás Moro en Vatican News.
- Perspectiva de Fe y Formación: La plataforma católica global cuenta con un compendio detallado acerca de Tomás Moro: Biografía, patronazgo y legado en EWTN, ideal para estudiar su faceta espiritual y familiar de manera exhaustiva.
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