La cruz que llevamos… ¿Es la cruz que vivimos?

Quizá no sea casualidad que al regresar de las vacaciones, al reincorporarnos a nuestros quehaceres y rutinas cotidianas, la liturgia vuelva a poner ante nuestros ojos precisamente la Cruz, que celebramos el 14 de septiembre: Día de la Exaltación de la Santa Cruz

Porque la Cruz no es solamente algo que llevamos colgado del cuello, que mostramos en nuestros rosarios, que guardamos en nuestras carteras, que colocamos en las paredes de nuestras casas o que veneramos en nuestras iglesias. La verdadera pregunta es otra: ¿llevamos también la cruz cuando deja de ser un objeto exterior y entra en nuestra propia vida?

El Señor fue muy claro: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga». Es fácil contemplar y venerar la Cruz cuando la tenemos delante como un objeto físico. Es mucho más difícil abrazarla cuando adopta la forma de una enfermedad, una renuncia, una incomprensión, una pérdida, una injusticia, una frustración o simplemente la desaparición de aquella comodidad a la que nos habíamos acostumbrado.

Por experiencia propia sé cuánto tendemos a huir de ella. Cuando llega el sufrimiento, aparecen pensamientos que nos hacen creer que Dios está lejos, que se ha olvidado de nosotros o que no merecemos lo que nos sucede. Y olvidamos sus palabras: «Mi yugo es llevadero y mi carga ligera». No porque la cruz deje de doler, sino porque el amor y la confianza transforman su peso.

Muchos santos, conversos y místicos han coincidido en afirmar que precisamente en las horas de mayor oscuridad, Dios puede encontrarse más cerca. Esta afirmación solemos aceptarla y compartirla cuando todo marcha bien; cuando llega el dolor, en cambio, dudamos de los santos, de los místicos y hasta del propio Dios

Santa Teresa de Jesús nos enseñó a repetir, en medio de las adversidades, «Nada te turbe, nada te espante; todo se pasa. Dios no se muda». San Juan de la Cruz describió como nadie la misteriosa acción de Dios en las noches de oscuridad, cuando el alma puede sentirse abandonada precisamente mientras está siendo conducida más profundamente hacia Él. Y Santa Teresita del Niño Jesús hizo de la confianza el centro de su camino espiritual: “La confianza, y nada más que la confianza, puede conducirnos al Amor”. Incluso cuando, al final de su vida, atravesó una profunda “noche de la fe”, permaneció aferrada a esa confianza. 

Como podemos leer al final del libro segundo de ese clásico de la espiritualidad cristiana que es “La imitación de Cristo” o el “Kempis”:  “si te diesen a escoger, más debieras desear padecer cosas adversas por Cristo, que ser recreado con muchas consolaciones; (…) 15. Porque si alguna cosa fuera mejor y más útil para la salvación de los hombres que el padecer, Cristo lo hubiera declarado con su doctrina y con su ejemplo”.

Que estas fiestas nos ayuden a comprender mejor el sentido profundo de la Cruz: unirnos a la Pasión del Señor y vivir nuestra existencia como un camino, un éxodo, en el que podemos demostrar nuestro amor entregando nuestra comodidad, nuestra salud, nuestras riquezas, nuestros proyectos y nuestras propias tendencias. Así y solo así, compartiremos su gloriosa Resurrección.

Desde luego, puede ser una pesada cruz el contemplar a una clase política que, a nuestros ojos, parece marcada por la mediocridad y, en ocasiones, por la malicia. Pero si esa consideración nos roba la paz, quizá todavía no sepamos llevarla cristianamente. Si en cambio nos mueve a rezar por nuestros gobernantes, por su rectitud y conversión, y confiamos el destino de nuestra nación a la Providencia, entonces ese dolor puede convertirse en una verdadera cruz: una cruz que hiere, pero que es llevadera y ligera porque la contemplamos con ojos de eternidad

La Cruz que llevamos no debería quedarse en nuestro cuello. Ha de llegar hasta nuestro corazón y debe ser amada, como Jesucristo -Dios Omnipotente- decidió amarla por nuestra salvación.

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Las fechas para agendar este mes de septiembre en el calendario son:

  • 1 de septiembre: Nuestra Señora de los Ángeles del Puig
  • 3 de septiembre: San Gregorio Magno
  • 4 de septiembre: Nuestra Señora de la Consolación
  • 5 de septiembre: Santa Teresa de Calcuta
  • 6 de septiembre: Nuestra Señora de Guadalupe (España)
  • 8 de septiembre: Fiesta de la Natividad de María. Nuestra Señora de Nuria.
  • 9 de septiembre: San Pedro Claver
  • 11 de septiembre: Nuestra Señora de Valvanera de Coromoto
  • 12 de septiembre: Fiesta del Dulce Nombre de María y Nuestra Señora de la Fuensanta
  • 13 de septiembre: San Juan Crisóstomo
  • 14 de septiembre: Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz
  • 15 de septiembre: Nuestra Señora de los Dolores
  • 17 de septiembre: San Roberto Belarmino y Santa Hildegarda de Bingen.
  • 21 de septiembre: San Mateo Apóstol y Evangelista
  • 23 de septiembre: San Pío de Pietrelcina
  • 24 de septiembre: Nuestra Señora de la Merced
  • 25 de septiembre: Nuestra Señora de Fuencisla
  • 26 de septiembre: San Cosme y Damián
  • 27 de septiembre: San Vicente de Paul
  • 29 de septiembre: Santos Arcángeles, Miguel, Gabriel y Rafael
  • 30 de septiembre: San Jerónimo (Traductor de la Biblia, del griego y hebreo, al latín)

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