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La RESURRECCIÓN DE JESÚS. El sentido de nuestra fe – Reza por un político

La RESURRECCIÓN DE JESÚS. El sentido de nuestra fe

El mes de abril de 2023 está cargado con toda la profundidad y sentido para nuestra Fe de la Semana Santa. Destacando especialmente:

DOMINGO DE RAMOS (2 de abril)

En este día se entrecruzan las dos tradiciones litúrgicas que originaron la celebración del Domingo de Ramos: la tradición litúrgica de Jerusalén y la tradición litúrgica de Roma.

En la tradición litúrgica de Jerusalén se recuerda el gesto profético de Jesús siendo aclamado al ingresar como Rey de Paz y el Mesías (Mateo 21, 1-11)

En tradición litúrgica de Roma, se nos invita a entrar conscientemente en la Semana Santa de la Pasión gloriosa y amorosa de Cristo, anticipando la proclamación del misterio en el Evangelio de Mateo (26:14-27:66).

JUEVES SANTO (6 de abril)

Día en el que Jesús celebró la Última Cena con sus apóstoles e instituyó el sacramento de la Eucaristía, el Sacramento del Orden Sacerdotal y el Mandamiento del Amor

Este es el día en que se instituyó la Eucaristía, el sacramento del Cuerpo y la Sangre de Cristo bajo las especies de pan y vino. Cristo tuvo la Última Cena con sus apóstoles y por el gran amor que nos tiene, se quedó con nosotros en la Eucaristía, para guiarnos en el camino de la salvación. Todos estamos invitados a celebrar la cena instituida por Jesús.

Para poder celebrar la Eucaristía es necesario el sacramento del Orden Sacerdotal, para que in persona Christi el pan y el vino se conviertan por la acción del Espíritu Santo en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Jesús les otorga el gran don del sacerdocio a los apóstoles y la potestad de continuarlo por la imposición de manos y la oración

Durante la Eucaristía, con el gesto del sacerdote lavando los pies a doce varones se recuerdo a cómo lo hizo Jesús con sus discípulos antes de la Última Cena. Así celebramos la Institución del Mandamiento de Amor

“Si, pues, Yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis unos a otros lavaros los pies, porque os he dado el ejemplo, para que hagáis como Yo os he hecho” (Jn 13, 14-15).

“Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros: para que, así como Yo os he amado, vosotros también os améis unos a otros” (Jn 13, 34)

 

La celebración se realiza en un ambiente festivo, pero sobrio y con una gran solemnidad, en la que se mezclan sentimientos de gozo por el sacramento de la Eucaristía y de tristeza por lo que se recordará a partir de esa misma tarde de Jueves Santo, con el encarcelamiento y juicio de Jesús.

En el Jueves Santo celebramos el Día del Amor Fraterno pues Dios nos amó tanto que nos dio a su Hijo Único para que fuéramos salvados creyendo en Él, y Jesús entrega su vida a cambio de la nuestra y no hay prueba de amor más grande que el que da la Vida por los suyos. Y no sólo bastándole eso, en la locura de amor más grande por nosotros, no sólo se entrega y da la vida, si no que se queda con nosotros bajo las apariencias del Pan y el Vino.

Su Sacrificio de Amor más grande: La Cruz. Su regalo de amor más grande: La Eucaristía.

VIERNES SANTO (7 de abril)

El Viernes Santo es una conmemoración de la Pasión y Muerte de Jesús en la Cruz, para la Salvación de la Humanidad. Es un día de luto y penitencia.

En este día no se celebra la Santa Eucaristía ni ningún otro sacramento, a excepción del Sacramento de la Reconciliación y la Unción de Enfermos en caso de necesidad

En este día se celebra la Liturgia de la Pasión del Señor, que conmemora los distintos momentos de la Pasión y Muerte Cristo a través de la Lectura de la Palabra, la Adoración de la Cruz y la Comunión Eucarística.

En ella se predica el Sermón de las Siete Palabras, en el que se reflexionan las últimas palabras que Jesucristo pronunció en la cruz.

Sobre las Siete Palabras, San Juan Pablo II dijo que “construyen su mensaje supremo y definitivo y, al mismo tiempo, la confirmación de una vida santa, concluida con el don total de sí mismo, en obediencia al Padre, por la salvación del mundo”

En este enlace está la reflexión del Santo Padre sobre cada una de las Siete Palabras:

https://www.aciprensa.com/reportajes/passion14.htm

El Viernes Santo también se celebra el Vía Crucis (Vía de la Cruz) en el que se recorre espiritualmente el camino de Cristo hasta el Monte Calvario, mientras cargaba la cruz para ser crucificado. un recorrido de 14 estaciones. El objeto del Vía Crucis es ayudar a los fieles a hacer, en el espíritu, una peregrinación a las principales escenas de los padecimientos y muerte de Cristo. La participación en el mismo permite obtener la indulgencia plenaria para sí mismo o para otra persona que ya haya fallecido.

El Viernes Santo conmemoramos la muerte de Jesús, quien ha muerto por cada uno de nosotros y por toda la humanidad para reconciliarnos con el Padre”. Es decir, celebramos el amor extremo, divino, capaz de pagar el rescate más caro -la vida del Hijo- para salvarnos. Esto tiene tremendas implicancias para nuestra vida: por Cristo, las puertas que se habían cerrado por el pecado, han sido abiertas de nuevo para nunca jamás cerrarse.

Por ello debemos comprender la Cruz como un signo de victoria: por la Cruz “muere la muerte”, porque por ella muere el pecado y sus consecuencias; muere mi propia muerte. Se trata de la victoria más grande, sin importar que al mundo le sepa a fracaso.


SÁBADO SANTO (8 de abril)

El Sábado Santo NO es una extensión del Viernes Santo.

Por un lado, es un día de dolor y tristeza que se destina para el silencio, luto, y reflexión, así como lo hicieron en el sepulcro María y los discípulos.

Es, como recordaba el Papa Francisco, “el día del silencio: hay un gran silencio sobre toda la Tierra; un silencio vivido en el llanto y en el desconcierto de los primeros discípulos, conmocionados por la muerte ignominiosa de Jesús”.

Por eso la Iglesia se abstiene del sacrificio de la Misa en este día. La comunión puede darse solamente como Viático y no se concede celebrar el matrimonio ni otros sacramentos excepto la Penitencia y la Unción de Enfermos.

Pero también es un día de esperanza de que, tras su descenso a los infiernos, Jesús resucitará de entre los muertos. Podemos vivir este día con María, “también ella lo vive en el llanto, pero su corazón estaba lleno de fe, lleno de esperanza, lleno de amor”

Con Ella aguardamos ese momento en el que, en las tinieblas del Sábado Santo, irrumpirán la alegría y la luz con los ritos de la Vigilia pascual y el canto festivo del Aleluya.

 

Vigilia Pascual

En la solemne Vigilia Pascual, toda la Iglesia se alegra y canta con el triunfo de Jesús. En él, Dios Padre nos ha mostrado su voluntad de que la muerte no tiene la última palabra. Por eso, ésta es la noche para regocijarnos en el amor de Dios, amor que siempre quiere la vida, la libertad y la alegría. Muchos gestos acompañan el festejo de esta noche: el fuego de la luz nueva, el agua de la vida nueva, la Palabra, la Eucaristía, el pregón pascual; todo aquello con lo cual queremos alabar a Dios y renovar nuestra vida de hijos e hijas de Dios

La Vigilia Pascual se inicia con la celebración del fuego en donde el sacerdote bendice el fuego y enciende el cirio pascual. En este acto se entona el Pregón Pascual (un poema escrito cerca del año 300 que proclama que Jesús es el fuego nuevo)-

Se da también la liturgia de la Palabra donde se leen siete lecturas, desde la Creación hasta la Resurrección. Realizando un recorrido por las promesas salvíficas de Dios que culmina con la victoria de Cristo a la muerte, con su Resurrección.

 

En la Vigilia la Iglesia entera también renueva sus promesas bautismales renunciando a Satanás a sus seducciones y a sus obras, bendiciéndose la pila bautismal y recitando la letanía de los Santos que nos une en oración con la Iglesia militante y triunfante.

DOMINGO DE RESURECCIÓN (9 de abril)

El Domingo de Resurrección o de Pascua es la fiesta más importante para todos los católicos, ya que con la Resurrección de Jesús es cuando adquiere sentido toda nuestra religión. Cuando celebramos la Resurrección de Cristo, estamos celebrando también nuestra propia liberación. Celebramos la derrota del pecado y de la muerte.

Cristo triunfó sobre la muerte y con ello nos abrió las puertas del Cielo. En la Misa dominical recordamos de una manera especial esta gran alegría. Se enciende el Cirio Pascual que representa la luz de Cristo resucitado y que permanecerá prendido hasta el día de la Ascensión, cuando Jesús sube al Cielo.
En la resurrección encontramos la clave de la esperanza cristiana: si Jesús está vivo y está junto a nosotros, ¿qué podemos temer?, ¿qué nos puede preocupar?

Jesús venció a la muerte y al pecado; sabemos que Jesús es Dios, sabemos que nosotros resucitaremos también, sabemos que ganó para nosotros la vida eterna y de esta manera, toda nuestra vida adquiere sentido.

Con el Domingo de Resurrección comienza un Tiempo pascual, en el que recordamos el tiempo que Jesús permaneció con los apóstoles antes de subir a los cielos, durante la fiesta de la Ascensión.

DOMINGO DE LA DIVINA MISERICORDIA (16 de abril)

La imagen de la Divina Misericordia representa a Jesús en el momento en que se aparece a los discípulos en el Cenáculo -ocho días después de la Resurrección-, cuando se les da el poder de perdonar o retener los pecados; como viene recogido en Juan 20: 19-31, la lectura del Evangelio de este domingo.

La fiesta de la Divina Misericordia fue instituida por San Juan Pablo II en el Jubileo de 2000, “En todo el mundo, el II Domingo de Pascua recibirá el nombre de Domingo de la Divina Misericordia. Una invitación perenne para el mundo cristiano a afrontar, con confianza en la benevolencia divina, las dificultades y las pruebas que esperan al género humano en los años venideros”

La Misericordia de Dios es más grande que nuestros pecados. Tener devoción a la Divina Misericordia requiere de una entrega total a Dios como Misericordia. Es la decisión de confiar completamente en Él, en aceptar su Misericordia con acción de gracias y de ser misericordioso como Él es Misericordioso.

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